-Ni te mu… mu… ¡muevas!- dijo histéricamente una voz
infantil- Estás atada… y eres mi rehén.
Violet recordó su nombre, y olvidaba su tiempo como
infantería. La obligaron a trabajar como soldado especializada en exterminio.
El pequeño niño secuestrador, tenía el cuchillo que reventó el microchip. Él no
contaba con que esos soldados tenían una armadura especial que aumentaba su
fuerza gracias a un modelo antiguo de armadura, mejorado por los científicos de
ahora. Y ella, con un pequeño movimiento, desintegró la cuerda por la presión
que ejercía.
-¿Qué coño ha pasado?
La cara del niño se tiño de blanco muerto- ¡No me toques!
¡No!
Y empezó a correr, como si no pudiera pensar en el tiempo
que le quedaría de carrera hasta el día que consiguiera superar ése trauma.
Y Violet advirtió la sangre que pintaba la casa de un
granate oscuro.
Quería recordar… pero no tenía acceso a ésa memoria.
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