miércoles, 31 de octubre de 2012

ADIÓS, CEMENTO


-Venga, calla un momento.- Dijo una de las voces- ¿No ves que estamos trabajando?
Lo que parecía un autómata (digo parece, por que éste empezaba a actuar como una persona… relativamente normal) empezó a dibujar un montón de símbolos en la pared de hormigón armado…
-Ahora en serio, ¡¿qué coño es esto?!- gritó desconcertado Christopher- No paráis de hacer cos…- entonces, el “autómata” más alto, lo agarró por la boca, para que callara.
Éste, hizo una especie de movimiento con la mano que le quedaba libre, que iba desde el suelo, hasta por encima de su cabeza. Al mismo tiempo, Ellos se hundieron en la tierra, junto con esa pared de hormigón. Y se cubrieron por una cúpula de tierra.
Entonces, Hurón se sacó el casco, y dejó a Christopher.

ENJAMBRE


Y los cascabeles siguieron sonando, como envueltos en enjambres de trompetas. Él no sabía qué hacer, era un sonido bonito pero… desesperante.
De repente, pudo acostumbrarse a la luz que provenía del exterior. Vio a dos personajes, envueltos en una armadura muy ligera, como de un material negro. Solo podía observar una luz roja que salía de la frente del casco.
-Vamos, recluso 666, a la sala de Dementina.- Susurró la voz extraña- Ha llegado tu hora.
Christopher solo pudo resignarse a seguir a esas dos… ¿personas? No sabía muy bien si eran personas, o simplemente… alguna especie de autómata.
Se fijó en los personajes. Uno era muy alto, aunque flaco. Caminaba de una forma extraña… aunque peculiar. El otro autómata, era, no baja, pero tampoco levantaba muchos metros del suelo, y tenía como… ¿lorzas? Un pequeño bultito sobresalía del abdomen del autómata.
De repente, llegaron a lo que era una… ¿pared de hormigón? Estos carceleros debían ser muy raros; no sé, había algo que no cuadraba a Christopher. ¿Era como si quisieran matar su mente a cabezazos?
-Esto… ¿¿No os estáis equivocando de sitio chicos??- Dijo Christopher, con cara de asombro.

HURÓN


Hurón miraba ansiosamente entre los vidrios del cristal. No paraba de dar vueltas por el pequeño habitáculo. Es un hombre esbelto, con unas marcadas ojeras, remarcadas con lo que parecía una especie de maquillaje hecho con ceniza negra. Tiene el cabello cortado a trompicones, y las costillas se notaban por los agujeros de su camiseta de tirantes. Miró a los demás, y no dudó en armar sus palabras en sonidos:
-Vosotros haréis lo que queráis, pero no voy a quedarme haciendo el gilipollas con tizas mientras Luzy está atrapado en ese agujero de polis con aires de autoridad y orden. Yo voy a buscarlo.
Los demás miraron a Hurón de forma extraña (él nunca hablaba; es decir, si, hacia ruidos, como diciendo “si”, o “no”, pero nunca pronunciaba palabras) y se quedaron boca-abiertos. Una muchacha de aire rebelde e infantil, se levantó de la mesa:
-Yo también voy… no podemos dejar perder su mente, ni su cuerpo. Vamos para allá.
-Pero… Si no tenemos un plan…- sugirió un enorme hombre.
Entonces Hurón lanzó una mirada hacia ese hombre que sugirió su muerte desde más allá de un agonizante final.
El hombre bajó la cabeza… y respiró hondo.

domingo, 28 de octubre de 2012

CHASQUIDOS

Detrás de la cortina de negra oscuridad, podía escuchar unos brillantes chasquidos que provenían del exterior.
Christopher ya estaba temblando, no sabía que más esperar. ¿Ya eran las ocho de la mañana? Ya no iban a quedar más ideas de él, por mucho que después intentara recobrarlas. Iba a ser un descerebrado, un hombre sin vida, solo con cuerpo.
Y entonces, abrieron la compuerta de la oscura habitación, de forma que cada milímetro que recorría la puerta, era como un enjambre de cascabeles.

NEGRO


Esa noche, Christopher no durmió.
Estuvo observando las 8 esquinas que formaban la asfixiante oscuridad donde lo escondían esa noche.
Él intentaba recordar, pero no conseguía saber que hizo; además, no entendía nada de lo que hablaban las voces…
Solo entendía que mañana iban a matar su mente…

CAPRICHOS

-Esta noche, ha sido sentenciado a Dementia y a una vida de contrato militar por los delitos de Alteración de la Realidad y Terrorismo.- pronunció la voz mecánica- ¿Tiene algo que alegar?
Christopher se agitó en una oleada de sudor helado, debajo de la fría luz, no pudiendo maldecir ni sus propios labios.
-La ejecución mental se llevará a cabo a las 8:50 en la sala de Dementina.
…y la luz se apagó…

sábado, 27 de octubre de 2012

PRISIÓN

Una fuerte luz azulada enfocaba su cara con la rabia de una luz eléctrica. Él se palpaba donde debería estar su pierna, pero solo encontró un muñón seguido de una nueva extremidad metálica.
-Sentimos la merma de su extremidad, pero era algo necesario.- roncó una grave y distorsionada voz.
Christopher se estremeció por dentro; él ya había estado aquí… ya había escuchado esa voz…
Pero no conseguía recordar…
-Esta noche será juzgado por sus delitos.- roncó de nuevo la mecánica voz.
“¡¿Qué delitos!?” intentó aullar. Pero solo logró exhalar aire. A Christopher le ardía la garganta, como la sensación de ardor que proporciona una extremidad congelada.

AZUZANDO

-¡Ahí! ¡Cogedle!- rugió una potente y desesperada voz.
Christopher arrancó a corred, justo cuando una de las cánidas criaturas desgarró su muslo derecho. Ardiendo en sangre, Christopher escandalizó, solo como lo hacen los que siempre callaban el dolor. Y la criatura se rajó en dos, habiendo terminado su cometido, dejando paso al origen del vociferante gruñido humano. Le vio venir y…
Todo fue en negro, de nuevo.

SABUESOS

Christopher olió el atardecer en Migraña 350, lugar donde creció junto el moho de las paredes de un escondrijo mal lamido por la luz del sol. Recordaba como unos perros modificados con genes Estigia y prótesis metálicas sobresalían de su carne perforada; ellos buscaban Exilios…
Ellos te buscaban…
Pero…
Que es un Exilio?

miércoles, 24 de octubre de 2012

CHRISTOPHER

Christopher sonrió, dada la ironía de estar sobre un pasto de infierno.
Se encontró desnudo, balbuceante y olvidado ante una racha de viento que dolía hasta la medula.
Pronto escuchó ladridos metálicos, un pequeño estímulo que le apremió con una racha de recuerdos…

AMANECER

Despertó entre llamas, escombros y carbones de lo que fue un apretado grupo de barriles.
“El sueño había sido muy extraño. Mas que extraño… lo que hacía diferente a ese sueño era… no sé, uno nunca soñaba con esas cosas, ni de esa manera ni… tampoco recordaba mucho de ese sueño, que no le dejaría dormir apenas.”
Ya levantado,  observó la abierta y macabra estancia: cabellos de hierro se enfriaban al tempo que el humo cenizo acariciaba su lacrimosa superficie. Algo parecido a una constelación de estrellas caídas reposaban bajo sus pies. Y él, centrado en el extraño dibujo, apreciaba como las largas palabras chispeaban al ritmo de un fuego crepitante de chimenea dormido.
Estupefacto, observó cómo sus dos muñecas, por la parte inferior, tenían un viscoso recorrido azulado, que se desvanecía con el bombear de sus arterias.
“No puedo seguir pasmado aquí. Necesito recordar que ocurrió… necesito…” Dijo para sí mismo.
Consiguió  recordar su nombre, con grandes dificultades.
Su cabeza iba a explotar…
-Mi nombre es… es…

CERO

Y justo, el hombre, desde su ruidosa y tranquila barba, susurró a grandes voces:
-Y bien, que prefieres: lo que quieres escuchar, lo que tienes que escuchar, o la verdad que nunca has deseado escuchar?
Y tuve que responderle…
Licencia Creative Commons
Este obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.