miércoles, 24 de octubre de 2012

AMANECER

Despertó entre llamas, escombros y carbones de lo que fue un apretado grupo de barriles.
“El sueño había sido muy extraño. Mas que extraño… lo que hacía diferente a ese sueño era… no sé, uno nunca soñaba con esas cosas, ni de esa manera ni… tampoco recordaba mucho de ese sueño, que no le dejaría dormir apenas.”
Ya levantado,  observó la abierta y macabra estancia: cabellos de hierro se enfriaban al tempo que el humo cenizo acariciaba su lacrimosa superficie. Algo parecido a una constelación de estrellas caídas reposaban bajo sus pies. Y él, centrado en el extraño dibujo, apreciaba como las largas palabras chispeaban al ritmo de un fuego crepitante de chimenea dormido.
Estupefacto, observó cómo sus dos muñecas, por la parte inferior, tenían un viscoso recorrido azulado, que se desvanecía con el bombear de sus arterias.
“No puedo seguir pasmado aquí. Necesito recordar que ocurrió… necesito…” Dijo para sí mismo.
Consiguió  recordar su nombre, con grandes dificultades.
Su cabeza iba a explotar…
-Mi nombre es… es…

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