Despertó entre llamas, escombros y carbones de lo que fue un
apretado grupo de barriles.
“El sueño había sido muy extraño. Mas que extraño… lo que
hacía diferente a ese sueño era… no sé, uno nunca soñaba con esas cosas, ni de
esa manera ni… tampoco recordaba mucho de ese sueño, que no le dejaría dormir
apenas.”
Ya levantado, observó
la abierta y macabra estancia: cabellos de hierro se enfriaban al tempo que el
humo cenizo acariciaba su lacrimosa superficie. Algo parecido a una
constelación de estrellas caídas reposaban bajo sus pies. Y él, centrado en el
extraño dibujo, apreciaba como las largas palabras chispeaban al ritmo de un
fuego crepitante de chimenea dormido.
Estupefacto, observó cómo sus dos muñecas, por la parte
inferior, tenían un viscoso recorrido azulado, que se desvanecía con el bombear
de sus arterias.
“No puedo seguir pasmado aquí. Necesito recordar que
ocurrió… necesito…” Dijo para sí mismo.
Consiguió recordar su
nombre, con grandes dificultades.
Su cabeza iba a explotar…
-Mi nombre es… es…
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