Y los cascabeles siguieron sonando, como envueltos en
enjambres de trompetas. Él no sabía qué hacer, era un sonido bonito pero…
desesperante.
De repente, pudo acostumbrarse a la luz que provenía del
exterior. Vio a dos personajes, envueltos en una armadura muy ligera, como de
un material negro. Solo podía observar una luz roja que salía de la frente del
casco.
-Vamos, recluso 666, a la sala de Dementina.- Susurró la voz
extraña- Ha llegado tu hora.
Christopher solo pudo resignarse a seguir a esas dos…
¿personas? No sabía muy bien si eran personas, o simplemente… alguna especie de
autómata.
Se fijó en los personajes. Uno era muy alto, aunque flaco.
Caminaba de una forma extraña… aunque peculiar. El otro autómata, era, no baja,
pero tampoco levantaba muchos metros del suelo, y tenía como… ¿lorzas? Un
pequeño bultito sobresalía del abdomen del autómata.
De repente, llegaron a lo que era una… ¿pared de hormigón?
Estos carceleros debían ser muy raros; no sé, había algo que no cuadraba a
Christopher. ¿Era como si quisieran matar su mente a cabezazos?
-Esto… ¿¿No os estáis equivocando de sitio chicos??- Dijo
Christopher, con cara de asombro.
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