-¡Ahí! ¡Cogedle!- rugió una potente y desesperada voz.
Christopher arrancó a corred, justo cuando una de las
cánidas criaturas desgarró su muslo derecho. Ardiendo en sangre, Christopher
escandalizó, solo como lo hacen los que siempre callaban el dolor. Y la
criatura se rajó en dos, habiendo terminado su cometido, dejando paso al origen
del vociferante gruñido humano. Le vio venir y…
Todo fue en negro, de nuevo.
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