martes, 6 de noviembre de 2012

MORGANA


Una vez que Morgana terminó su estudio sobre el conjuro, preparó los materiales, y empezó a preparar al sujeto.
-¡Luzy, ven para acá!- chilló Morgana- Ya tengo lo que necesitamos.
-Eh, ¿Por qué no paráis de llamarme Luzy?
-Joder, ¿te lo tengo que volver a repetir, LUZY?
-Vale vale, espero que no tengas siempre la misma mala baba…
-¡¿A callar eh?!- espetó- Como sigas así, te voy a dar con la silla.
Christopher se resignó a la malhumorada muchacha, y se estiró en una manta que preparó Morgana. Ella no paró de encender velas, incienso, lámparas, y toda una serie de cachivaches extraños, dejando a Christopher envuelto en pequeñas llamas y aromas diversos.
-Vamos a empezar con una regresión.- explicó Morgana- Puede que te cueste mucho, pero necesito que te relajes mucho, sin llegar a dormirte.
-Ehm… vale. Pero, aún no sé tu nombre.- respondió Christopher.
-Soy Morgana, si tanto lo deseas volver a saber.

sábado, 3 de noviembre de 2012

RECUERDOS


Morgana observaba lentamente el folio que tenía delante. No sabía que escribir: tenía tantos recuerdos en mente, que no podía concentrarse en el conjuro…
…entonces…
…se dejó llevar por ellos…

Una mañana gris de verano en Sektor 6. Ella estaba sola… triste. La buscaban por todas partes.
Un perro, de esos que tenían marcas sangrientas por todo el cuerpo, y trozos de metal, y ojos color cadmio, le había hecho una gran incisión el las costillas.
Él llegó, envuelto en llamas y terror.
Y se abrió paso, entre sangre, metal y hueso.
No hubo perro infernal que se opusiera ante las llamas de el chico en llamas. Morgana, tenía mucho miedo. No sabía que era peor: si los perros asesinos, o el hombre que conseguía fundirlo todo el materia gaseosa.
Entonces, cuando no quedó rastro de los perros… se apagaron las llamas.
Y vio un chico desnudo… No era de constitución realmente alta, ni tenía un cuerpo fuerte, o musculoso; pero había algo en sus ojos… unos ojos color miel, que ardían en tonos anaranjados y amarillentos. No era la mirada que esperaba de una criatura que pudiera destruir una manada de monstruos cánidos. No tan fácilmente…

DESPIERTO


Y, otra vez, Christopher despertó. Pero sin las marcas del mal en su cuerpo. Sin retorcidos cuernos para desgarrar vida. Solo, embutido en una manta, con carne humana formando su cuerpo. Más tarde vio a Hurón en su cesto.
De nuevo se calmó. Estaba amaneciendo. Vio como la muchacha, estaba en la mesa de la habitación.
Entonces, Christopher se paró a observar el habitáculo. Era una habitación pequeña, con las paredes pintadas de negro, y muchos símbolos en blanco pintados sobre ella. También habían enganchados muchísimos papeles alargados con inscripciones en antiguos códigos.
Algo que le extrañó, fue que la chimenea aún siguiera con las mismas brasas que antes.
Aunque ahora brillaban algo más.
La forma de la habitación parecía ser hexagonal. En el centro, una mesa cuadrada, muy vulgar, de madera de pino, reposaba para sostener los brazos que trazaban sin fin de palabras de la chica.
-¿Que estás haciendo?- Preguntó Christopher.
-Tú qué crees, ¿eh?
-Pues… no lo sé.
-Entonces, si no entiendes lo que hago, ¿por qué me preguntas?
-Pues… porque me intereso en ello…
-Venga va, sal un rato afuera, que te dé el aire.
-¿Pero no que hoy iba a tener todas mis respuestas?
-En serio, siempre tan precoz. Anda, hazme caso, que esto tiene para un rato.

MUERTE TRAS LA RAZÓN

Despierta.
De nuevo despierta, Christopher, en la habitación de sus sueños.
Él vuelve a levantarse de su pequeño trono, metalizado en bronce oxidado. Observa el papel pintado del habitáculo: roto y desgarrado por todas partes, antes lucía motivos florales en tonos rojos, sobre un fondo negro grisáceo.
Y tras la moqueta, manchada de sangre, se esconde el portón, también de bronce. Éste está recubierto de símbolos: unos de cruel significado, otros de justicia sin perdón, otros, simplemente, bailan al son de una mente adormecida.
Y Christopher, vuelve a romper la entrada, para rasgar el aire del espacio que le precede con su propio cuerpo.
Y de nuevo, las escaleras que suceden el roto pórtico que redujo a llamaradas. Cada peldaño, se hace más pesado. Y observa como su cuerpo se quema, al paso que se tropieza, a la vez que se transforma en algo indeseable.
Una fuerza desproporcionada surge de la transformación que sufre, desestabilizando su escalera, haciéndola temblar. Y entonces, ya no és Christopher, él es una criatura enroscada en ponzoña, mugre y maldad. Y cae en un abismo de roca y vida.
Y observa, como los habitantes del lugar donde cayó, no notan su presencia, si no, que siguen con naturalidad sus quehaceres mundanos.
Unos ejerciendo la jardinería, otros fregando el suelo, otros cocinando.
Y el Christopher perturbado, empieza a crear el mal en los corazones de esas criaturas.
Y todos mueren. No al paso de una hoja cortante, o de un golpe de roca. Ni brotó la sangre entre los habitantes de ese lugar. Solo se hirieron en mente, en corazón.
Y solo quedó él, de nuevo.
Solo, ante un pasto de muerte.

jueves, 1 de noviembre de 2012

VÓMITO


Los tres personajes acabaron saliendo de una marca en la frente de el hombre enorme; éste, que ya estaba encontrándose mal antes, vomitó lo que comió de buena mañana. Los tres estaban cubiertos del fango azulón que formaba el anterior cosmos. Era algo no demasiado agradable.
-Buah, deberíamos de dejar de cebarnos con Leviatán. Creo que el pobre va a tener resaca hasta el siguiente amanecer.- Dijo la muchacha.
-Pero… ¿podríais hacer el favor de explicarme que pasa?- Pidió Christopher.
-Joder, que pesado que eres Luzbel. Ahora entiendo porque me resistí a ocultarte la memoria. Señor, de verdad. Lo que tienes que saber, es que hoy no morirás. De ninguna forma. Así que, coge esa manta, y échate un rato. Mañana tendremos mucha faena por delante.
Hurón, ya se había acurrucado en una especie de cesta de mimbre, que estaba acolchada con una cantidad ingente de harapos varios, que parecían arañados, mordidos y deshilados.
-Por cierto… ¿quién eres?
-¿Tan siquiera consigues recordar eso? Te creía más fuerte, Luzy. Ya obtendrás las respuestas mañana- dijo, mientras se echó al lado de lo que parecía una chimenea, donde solo quedaban brasas- buenas noches y… felices pesadillas.

VIAJE A LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO MARINO


“Bien” se escuchó, profundamente, la voz de la muchacha “estamos en el universo del alma de Leviatán, y bueno, como podéis observar, es algo bastante complicado…”
Christopher, acabó de darse cuenta de que no podía volver a hablar. Esto le superaba… habían demasiados conceptos que no entendía… era como intentar aprender protocolo de invocaciones, sin saber que era una invocación… que de hecho, tampoco sabía lo que era una invocación.
“Vosotros dos, no toquéis nada” esparció la voz de la mujer “eso podría significar un cambio total en este espacio, y la muerte de nosotros”. “Ahora, debemos salir cuanto antes posible… ¡Así que quietecitos!” dijo, mientras hurón parecía divertirse con un espeso y mocoso recuerdo de Leviatán.
“Veamos… si no recuerdo mal…”
“…solo hay que…”
“…si.”

ESTELAS


-¿Muy listo tu eh?- Dijo el otro autómata- ¿Ahora como cojones voy a ver lo que tengo que encantar? Claro, el señorito sabe mover tierra, porque se ha pasado la vida en el barro y…- Hurón encendió una bengala- Mucho mejor. Lo siento, ya sabes que me da miedo la oscuridad.
El otro autómata también se descubrió la cara. Era una mujer, con una cara juvenil, rellena de pecas, y con las palas de los dientes separadas, algo que le daba un aire travieso. Tenía un cuerpo, no pequeño, pero si menudo. Tenía esa tripita que tienen las mujeres que les gusta comer. Y ahora mismo, una cara de cabreo que no cabía en sus facciones.
Siguió dibujando la pared de cemento, con mucha parsimonia, y la cara de enfado, se tornó en gran concentración.
-Hey, pero, aún sigo sin saber que está pasando aquí…
Hurón miró a Christopher con cara de poco interés. Los dibujos y escritos se formaban en círculos a un ojo central. Y los dibujos empezaban a cobrar un brillo morado.
-Bueno Hurón, que te apetece estar, ¿en Leviatán, o en uno de los gemelos?
Hurón sonrió de una forma extrañamente malvada, aunque aparentemente, con la inocencia de un niño jugando.
La muchacha dibujó un nuevo símbolo debajo del circulo de extraños símbolos. Y la placa de hormigón se tornó en una espesa niebla azul oscura, de un añil de profundidades extremas, donde la mirada no podía sugerir un escape a ese cosmos.
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