Los tres personajes acabaron saliendo de una marca en la
frente de el hombre enorme; éste, que ya estaba encontrándose mal antes, vomitó
lo que comió de buena mañana. Los tres estaban cubiertos del fango azulón que
formaba el anterior cosmos. Era algo no demasiado agradable.
-Buah, deberíamos de dejar de cebarnos con Leviatán. Creo
que el pobre va a tener resaca hasta el siguiente amanecer.- Dijo la muchacha.
-Pero… ¿podríais hacer el favor de explicarme que pasa?-
Pidió Christopher.
-Joder, que pesado que eres Luzbel. Ahora entiendo porque me
resistí a ocultarte la memoria. Señor, de verdad. Lo que tienes que saber, es
que hoy no morirás. De ninguna forma. Así que, coge esa manta, y échate un
rato. Mañana tendremos mucha faena por delante.
Hurón, ya se había acurrucado en una especie de cesta de
mimbre, que estaba acolchada con una cantidad ingente de harapos varios, que
parecían arañados, mordidos y deshilados.
-Por cierto… ¿quién eres?
-¿Tan siquiera consigues recordar eso? Te creía más fuerte,
Luzy. Ya obtendrás las respuestas mañana- dijo, mientras se echó al lado de lo
que parecía una chimenea, donde solo quedaban brasas- buenas noches y… felices
pesadillas.
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