-¿Muy listo tu eh?- Dijo el otro autómata- ¿Ahora como
cojones voy a ver lo que tengo que encantar? Claro, el señorito sabe mover
tierra, porque se ha pasado la vida en el barro y…- Hurón encendió una bengala-
Mucho mejor. Lo siento, ya sabes que me da miedo la oscuridad.
El otro autómata también se descubrió la cara. Era una
mujer, con una cara juvenil, rellena de pecas, y con las palas de los dientes
separadas, algo que le daba un aire travieso. Tenía un cuerpo, no pequeño, pero
si menudo. Tenía esa tripita que tienen las mujeres que les gusta comer. Y
ahora mismo, una cara de cabreo que no cabía en sus facciones.
Siguió dibujando la pared de cemento, con mucha parsimonia,
y la cara de enfado, se tornó en gran concentración.
-Hey, pero, aún sigo sin saber que está pasando aquí…
Hurón miró a Christopher con cara de poco interés. Los
dibujos y escritos se formaban en círculos a un ojo central. Y los dibujos
empezaban a cobrar un brillo morado.
-Bueno Hurón, que te apetece estar, ¿en Leviatán, o en uno
de los gemelos?
Hurón sonrió de una forma extrañamente malvada, aunque
aparentemente, con la inocencia de un niño jugando.
La muchacha dibujó un nuevo símbolo debajo del circulo de
extraños símbolos. Y la placa de hormigón se tornó en una espesa niebla azul
oscura, de un añil de profundidades extremas, donde la mirada no podía sugerir
un escape a ese cosmos.
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