jueves, 1 de noviembre de 2012

ESTELAS


-¿Muy listo tu eh?- Dijo el otro autómata- ¿Ahora como cojones voy a ver lo que tengo que encantar? Claro, el señorito sabe mover tierra, porque se ha pasado la vida en el barro y…- Hurón encendió una bengala- Mucho mejor. Lo siento, ya sabes que me da miedo la oscuridad.
El otro autómata también se descubrió la cara. Era una mujer, con una cara juvenil, rellena de pecas, y con las palas de los dientes separadas, algo que le daba un aire travieso. Tenía un cuerpo, no pequeño, pero si menudo. Tenía esa tripita que tienen las mujeres que les gusta comer. Y ahora mismo, una cara de cabreo que no cabía en sus facciones.
Siguió dibujando la pared de cemento, con mucha parsimonia, y la cara de enfado, se tornó en gran concentración.
-Hey, pero, aún sigo sin saber que está pasando aquí…
Hurón miró a Christopher con cara de poco interés. Los dibujos y escritos se formaban en círculos a un ojo central. Y los dibujos empezaban a cobrar un brillo morado.
-Bueno Hurón, que te apetece estar, ¿en Leviatán, o en uno de los gemelos?
Hurón sonrió de una forma extrañamente malvada, aunque aparentemente, con la inocencia de un niño jugando.
La muchacha dibujó un nuevo símbolo debajo del circulo de extraños símbolos. Y la placa de hormigón se tornó en una espesa niebla azul oscura, de un añil de profundidades extremas, donde la mirada no podía sugerir un escape a ese cosmos.

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