Morgana observaba lentamente el folio que tenía delante. No
sabía que escribir: tenía tantos recuerdos en mente, que no podía concentrarse
en el conjuro…
…entonces…
…se dejó llevar por ellos…
Una mañana gris de verano en Sektor 6. Ella estaba sola…
triste. La buscaban por todas partes.
Un perro, de esos que tenían marcas sangrientas por todo el
cuerpo, y trozos de metal, y ojos color cadmio, le había hecho una gran
incisión el las costillas.
Él llegó, envuelto en llamas y terror.
Y se abrió paso, entre sangre, metal y hueso.
No hubo perro infernal que se opusiera ante las llamas de el
chico en llamas. Morgana, tenía mucho miedo. No sabía que era peor: si los
perros asesinos, o el hombre que conseguía fundirlo todo el materia gaseosa.
Entonces, cuando no quedó rastro de los perros… se apagaron
las llamas.
Y vio un chico desnudo… No era de constitución realmente
alta, ni tenía un cuerpo fuerte, o musculoso; pero había algo en sus ojos… unos
ojos color miel, que ardían en tonos anaranjados y amarillentos. No era la
mirada que esperaba de una criatura que pudiera destruir una manada de
monstruos cánidos. No tan fácilmente…
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