martes, 27 de noviembre de 2012

ENCENDIENDO LA REUNIÓN


Allí estaba Luzbel, junto con Fauno, tostando el dulce, mientras esperaban a los demás.
Fauno miraba a Luzbel con fascinación y respeto; Le encantaba ver como cocía sus pasteles con conjuros de calor. Le brillaban los ojos, y lloró; hacía poco que pensaba que no volvería a verle.
Luzbel terminó el conjuro, bajó sus manos, que dejaron de irradiar energía, y adivinó el pensamiento de el niño;
-Fau, eh, ¿por que lloras?
-Es que… me hace tanta ilusión que seas tu otra vez.
-Venga va, ¿no podemos perdurar por siempre sabes? La vida es como un fuego… tarde o temprano se apaga, ¿sabes?
-Si, lo sé, pero… es que… ya sabes…- Fauno resbaló lagrimones por su mejilla sucia y abultada.
Luzbel le dio un suave beso en la frente- si, sé que me quieres muchísimo pequeñajo; eres una delicia.
El niño enrojeció, y se aferró con sus infantes brazos a Luzbel.

EL NEGRO MAR


Leviatán despertó bajo una nube de pensamientos. Aún recordaba por qué estaba aquí. No se refería a un “aquí” físico, en un punto cardinal, si no, a un “aquí” en verso a la relación que tenia con Eris. Él no soportaba a Luzbel, muchas veces se pasaba, y era demasiado activo. Aunque, en cierta forma, Eris lo creó él. Era la única agrupación rebelde de Hoy. A pesar que la Cúpula nos tenga por terroristas.
Venga, si solo hacemos lo que guardamos en nuestra naturaleza, qué más quieren?
Aún recuerdo mi estancia en X237, suburbios de la ciudad de arena. Vivía con mi abuelo, pescador, como su anterior abuelo, y este, a su vez, del anterior. Todos los días, íbamos al antiguo mar, antes limpio y rico; pero ahora, no es lo mismo que antes: todo estaba sucio, contaminado; ya no habían peces, como los conocían los antiguos; ahora eran criaturas monstruosas, mutaciones de las antiguos peces gracias a la toxicidad y la radiación del ambiente. Unos más grandes, otros más pequeños, pero todos con ansias de terminar con la vida: la propia, y la ajena.
Y ahí estábamos nosotros dos: un hombre anciano de unos setenta y cinco años, armado con arpones, baterías eléctricas y otros artefactos, y yo, con doce años, con un par de cuchillos en las manos, por si algún bicho pensaba entrometerse en nuestro pequeño navío.
Nosotros buscábamos las criaturas más pequeñas, las que podíamos cargar en nuestra cafetera.
Pero un día, al cazar uno, que pensábamos muerto, empezó a atacarnos por la espalda, mientras volvíamos a la orilla. Era una criatura negra, que desprendía mucosidad negra, como petróleo. Y este atrapó a mi abuelo, con su moco pegajoso y tóxico. Y entonces, yo fui hacia él, cuchillo en mano, a matarlo, abriéndome paso entre la gelatinosa materia que recorría su cuerpo. Y encontró lo que parecía ser su cabeza, e intentó cercenarla a machetazos; pero el cuchillo resbalaba, y no sabía que más hacer para acabar con el cazador de su abuelo. Pero a la criatura si que se le ocurrió.
Y con un latigazo mocoso, le expulsó del cachivache motorizado.
Y cayó en la oscura agua, alimentando su olvido, y entrando más en su mente.

PASTEL Y TÉ


Fauno, al escuchar que había vuelto Luzbel, y que iban a hacer una reunión, no se detuvo a pensar, y empezó a preparar un pastel. Se paró en una de las paredes de adobe, y puso la mano, de donde brotó una especie de trigo, el cual tenía el grano tan grueso como su puño: un puño de unos siete centímetros, perteneciente a un chavalín de quince años, que lucía los granitos típicos de la edad. Después de haber hecho lo mismo que el trigo con una fresa que lucía grande como su cabeza, hizo crecer unas judías y unas patatas, los cuales, metió en una desvencijada bolsa de tela.
Y Fauno, marchó hacia el sector C de Migraña 157, bajo un fino y bubónico manto que cubriría su identidad de curiosos desconocidos.
Una vez que llegó allí, penetró el umbral que separaba los suburbios de la metrópolis, con la tienda de canjes, donde rellenó la trastienda con las judías y patatas.
Saliendo de la tienda, palpó la bolsa, donde ahora reposaban un par de huevos y un botellín medio vacío de leche tibia.
Y Fauno sonrió, dando pequeños brincos al caminar y darse cuenta que comerían dulce hoy.

domingo, 18 de noviembre de 2012

LIBERTAD


Christopher observó el nuevo mundo, que le deparaba: ya no había vuelta atrás, tenía una vida que recorrer. Y sabía qué hacer. No podía ser que no existiera, puesto que lo estaba haciendo, si no recuerda mal, de toda su vida. Estaba harto, de que quisieran encerrarle en una mente atormentada.
Además, quería saber quién era la muchacha que salía en su memoria… que no recordaba. Tenía que buscar; y buscaría, en todos los rincones que encontrara.
Pero antes, tenía que saber donde estaba.
Ya hacia unas horas que se alejó de la negra y sucia casucha de adobe. No sabía cómo alguien podía vivir allí, era algo… repugnante, cuanto menos.
Bien, pero volviendo al lugar donde se encontraba, tenía que saber dónde ir… aunque no supiera donde estaba nada, ni nadie: se encontraba en medio de un terreno arenoso, entre grava, arena y lodo, donde habían manchas de ese compuesto, que estaba más seco. También había lo que parecían espinas de un material duro, negro, que en un momento goteó, pero ahora, esas lagrimas eran solidas.
Si Christopher hubiera conocido más el mundo, se habría dado cuenta de que, esas espinas eran de acero. Acero que sostenía la antigua capital, Zeelion. Pero Christopher, era prácticamente un recién nacido, desentrañado de la memoria de Luzbel, y la imaginación de Morgana. Un pequeño juego que acabaría con el humor de Luzbel, y con su paciencia.
Y justo, cuando Christopher se cortó con una rebaba del metal, forjado con dolor y destrucción, bajó una pequeña nave, que portaba diversas unidades de roñosos y chispeantes drones de reconocimiento y destrucción.
Christopher, asustado, y con un dedo rasgado, se intentó esconder en la viga de crueles formas que le hizo sangrar. Estaba sudando de nervio, y de angustia. Cada dron, hacía su respectivo ruido: una especie de mezcla de ruidos entre cien cafeteras saltarinas, la soldadura de cincuenta electrodos y los engranajes de un antiguo y oxidado reloj suizo de catedral, que se limitaba a no querer despedirse de ese mundo, aunque eso significara dar la hora incorrecta. Unos sonaban más a cafeteras, otros, más a electrodos, y otros, estaban para desguazar.
-Clink plonk rrrt rrrt prrop blof blof- estruendó un dron.
-Plonk rrrt prr prop- escandalizó otro.
Christopher ya no estaba sudando de angustia; por lo menos, no tanto. Ahora, le corroía un intenso comezón producido por la curiosidad de saber qué narices era eso. Eran cosas. Cosas que no sabían que eran. Y eran ruidosamente perfectas para él, gracias a la incomprensión que él tenía sobre mecánica y robótica, y, también, protagonizada por el desazón de ingenio y la desidia que invadió al creador de las limitadas criaturas metálicas. Christopher, quiso acercarse más a aquellas cosas, las cuales, no podía saber que eran, puesto que no tenía a nadie para preguntar “Que es eso?”.
Y sus ojos brillaron, como los de un bebé que observa un juguete nuevo.

NACIÓ EN LA TIERRA


Hurón, le llamaban. Hurón, se hacía llamar. Hurón, le buscaban. Hurón, él era. Solo a veces, solo entonces, recordaba sus días tranquilos y solitarios en la estepa yerma donde nació, cubierta de salazón en un pasado, como castigo de guerra.
Tal y como hacían los antiguos Romanos, a sus enemigos. Algo cruel, para toda la humanidad.
Él tenía cinco años, cuando descubrió que tenía poder. Y no poder, como podría tenerlo un dirigente político, o un agente de los suburbios, si no, uno más especial, más único.
Algo mucho más… íntimo, a la par que funcional.
Entonces, se pasaba el día en el barro, con sus pies desnudos. Hacía pequeñas criaturas de barro: un conejo con las orejas gachas, una más grande que la otra;  una tortuga, con un caparazón que tenía una talla más pequeña que su cuerpo; y un hurón, que tenía unas poderosas y mullidas patitas, unos colmillos feroces y un cuerpo menudo.
Pero solo eran figuras de barro, que movía a su antojo. Eran demasiado… sencillos, sin demasiada vida, puesto que carecían de voluntad.
Entonces, atraído por el conejo de barro, un pequeño y flacucho hurón, esta vez de carne, danzó hacia el pequeño roedor de barro, y, en cuanto había danzado suficiente, clavó brutalmente sus marfilados colmillos hacia la criatura de lodo.
Y al pequeño mustélido, no le hizo demasiada gracia, que su comida fuera barro, y reculó de forma grotesca, tropezando con los restos de la pequeña figura.
Y el pequeño Hurón, se sorprendió de la criatura que acababa de presenciar: era puro nervio, pura agilidad, pura torpeza, puro engaño, pero, no obstante, pura inocencia.

IGNORANDO


-¿Hey, ha pasado algo?- Dijo Morgana.
-¿No tienes ni zorra de lo que haces con tus conjuros, verdad?
-Pero que cojones dices… Anda, descansa un rato, debes estar agotado.
Luzbel la observó desde sus ojos engastados en ojeras malvas- Has dejado fisuras en mi mente, y Christopher ha huido…
-Que dices, si eso no puede ser, Luzy.
-Eso digo, que no tienes ni idea.
Morgana se desperezó, y se levantó del suelo, observando el reguero de saliva que dejó al dormir. La muchacha aún no estaba demasiado lúcida.
-Bueno, dejando todo esto aparte- dijo Luzbel, arrojando una cansada mirada a las cenizas de lo que fue la silla- ¿donde están los demás?
-Nos habían dejado solos, para que te pudiera hacer la regresión con tranquilidad.
-Pues es hora de reunirnos. Tenemos que seguir con nuestro plan… ahora que he vuelto.
-Tienes razón… pero tienes que descansar…
Luzbel se acercó a la hoguera, y, con las manos en forma de cuenco,  empezó a beber del líquido que brindaba la pira. Era un líquido rojizo, como el acero al rojo cereza.
-No tenemos tiempo para descansar, tenemos que planearlo todo bien. Y tengo que recuperar a Christopher.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

LUZBEL


Después de estar toda la noche dejando que hurgaran su mente, Luzbel recobró el sentido, volviendo a la vida desde su sueño. La sala estaba casi como la recordaba: mugrienta, desordenada, con un fuego bien vivo en la chimenea, y un par de lamparones en las ranciadas paredes. Morgana dormía con la boca abierta al lado del fuego, dejando que hilillos de saliva cayeran por su aplastada mejilla, haciendo un pequeño charquillo.
Aún estaba algo confuso… llevaba muchos días sin estar al “mando”… y era como si le hubieran arrancado algo…
Algo que estaba sentado en la silla más alejada.
-No lo ha conseguido… y voy a vivir por mi cuenta, Luzbel.
-Qué coño… ¿qué haces fuera de mí?
-Ah, muy sencillo… aproveché a que tu amiga se durmiera y… bueno… ella hurgó demasiado en tu mente, así que esta, contiene algunas fisuras.
Luzbel se levantó, y miró de forma amenazadora a Christopher.
-Tu sitio está dentro de mis recuerdos… aún no me explico cómo puedes mantener forma corpórea…
-Gracias a tu energía, Luzbel, gracias a que conservo la energía de lo que fuiste, es decir, de lo que soy… y es mío.
-No es tuyo, es nuestro, y si no vuelves…
-¡No pienso volver, estúpido! Soy yo, no tú, y ahora, ¡creo que deberías volver a dormir!
Christopher le lanzó la silla a Luzbel, mientras Luzbel conjuraba una lengua de fuego para reducir la silla a cenizas.
Pero Christopher se había esfumado… Era una veloz nube de hollín y de cenizas que escapaba por la pared… como un ser etéreo.

LOS NUDOS


Christopher despertó, con una esencia de resaca en su frente, en un charco de sangre medio seca. Recordó las palabras que había escuchado antes, en su mente. No podía ser verdad… él no podía ser una mentira. Él existía, no dejaba de hacerlo: era su cuerpo, su mente…
-¿Luzy, estas bien?
-Dejad de llamarme “Luzy”, quereis? Soy Christopher, dejadme en paz.
-Lu… Christopher, acabas de tener una conmoción energética… deberías descansar un rato…
-Eh, ya vale; ¿Queréis hacer el puto favor de explicarme qué coño está pasando?
-Chris, tranquilo… una conmoción energética es… cuando haces un hechizo sin control… y derramas más magia de la que tienes… entonces, pueden pasarte muchas cosas, la más común, es una conmoción.
-Bien… más o menos entiendo eso… Tienes que explicarme muchas cosas…
-Oye, ¿y por qué no te las explicas tu mismo? Vamos a seguir con la regresión… creo que será lo mejor.
-Antes que nada… ¿es verdad que no existo?
-Bueno… la verdad, es que… no eres una mente “completiva”; es decir… tu eres Christopher… una parte de los recuerdos de Luzbel: eres su infancia, donde aún no controlas la magia… solo expresas tu energía a base de hechizos, que no controlas… y bueno, es algo autodestructivo.
-Entonces… no soy yo.
-Exacto… tu eres… parte de ti.
-De acuerdo… hazlo.
Morgana empezó a anudar una cuerda, en torno a su muñeca derecha. Nudo tras nudo, cada vez llegaba antes al final de la muñeca, esperando a morder su cola. Chris estaba algo asustado… no sabía muy bien por qué, pero no deseaba desaparecer en la memoria de él mismo…
De repente, Morgana le infundió un profundo sueño, un medio perfecto donde poder urdir en su mente, y atar los cabos que necesitaba. Estaba agotada… demasiada sangre había sido expulsada de su cuerpo, pero, ella tenía mucha experiencia.
Si bien había podido crear a Christopher… ella podía devolverlo de donde lo había sacado.
O eso creía.

BIENVENIDO A CASA


“Vamos, lo estás haciendo bien” susurró su voz, desde otra mente.
“Pero… no entiendo… que estoy haciendo?” Dijo Christopher, desde la ignorancia.
“Verás, tienes que resignarte a lo que voy a decir: tu no existes”
“Pero… por qué? Yo si existo… soy… yo, de acuerdo?”
“Qué tontería, Christopher; tú eres parte de mi… aceptalo”
“No… no puede ser… dejame…”
“¿Que te deje? Eres tú, quien invade mi personalidad, quien inunda mis actos, quien deja de insuflar hechizos, quien hace que retroceda toda mi vida, para dejar de ser quien debería ser hoy, y ser otra persona del pasado…”
“No… no quiero escuchar, tu estas muerto”
“Aceptalo, quien está muerto, eres tu… tu ya no existes, ya no eres yo”
“Pero… no mas… me resistiré…”
“Tienes que abandonar, Christopher. Renunciaste a ese nombre hace mucho tiempo… Tienes que volver al tiempo de dónde vienes.”

domingo, 11 de noviembre de 2012

SANGRE


Morgana estaba desangrándose; y Christopher, por mucho que ya no quedaran perros, no sabía solucionar la situación, cómo parar la hemorragia. Cada vez, Morgana estaba más vacía, el suelo más encharcado, y Christopher, más nervioso, más asustado.
-Co… coge un trozo de tela, Luzy… Y haz un torniquete…- Dijo Morgana, mientras Christopher hacia lo mandado, con miedo- Enrolla la tela sobre la herida… y extrae el metal…- siguió haciendo Christopher.
Christopher tiró del guijarro acerado, obteniendo un largo y agónico grito, y una lengua sangrante a su cara. Christopher no lo aguantaba… tanto sufrimiento… tenía que seguir, para salvarla.
- …lo demás… es cauterizar… acerca las brasas del fuego…- le ordenó –… puedes coger las brasas con la mano, que no te pasará nada.
Y, justo al volver a chorrear sangre de la herida, Christopher se mareó… notando muchísimo calor a su alrededor, y notando como sus ojos ardían en llamas…
-No hará falta…- Dijo con voz susurrante, ante la cara de horror de Morgana.
Y Christopher volvió a la pierna, agarrando fuertemente la herida, que dejó de sangrar, sin saber, que por un instante, fue Luzbel.

VERMILLION


“Vermillion es un hechizo básico de combate, Luzy, pero es bastante útil” recordó Christopher. “Es como… cuando un gas muy caliente toca una piel congelada” le dijo una voz de adolescente. “Estúdialo, será útil”.
Christopher gritaba Vermillion, y por todo el habitáculo, un gas muy condensado, proveniente de su palma, empezó a carcomer a los andrajosos perros, tostándolos demasiado, y haciéndolos arder.
Christopher no entendía que estaba haciendo… pero por el momento funcionaba.
Y funcionaba bien… demasiado bien.
Y el gas empezó a desbaratarse.
Huyendo hacia la pared.

DESORDEN MENTAL


Las voces se desvanecían, se disolvían en su mente, mientras él también se desvanecía, y volvía a la nueva realidad. No sabía realmente que pasaba… si lo anterior era real, o no… desde luego, ahora estaba recibiendo palos de nuevo.
La pierna: Ya no tenía la prótesis… y al intentar levantarse de golpe, Christopher se cayó de bocas al suelo, haciéndose sangrar la nariz.
Quizá eso le recobrara algo más de realidad, por que pudo ver la situación… más o menos clara: de nuevo, esos perros del demonio, dando por culo con su mala leche. Morgana se resistía a que uno le mordiera… y le dejó en el suelo, sacando espuma por la boca e inconsciente. Pero ella estaba desangrandose: tenía un fierro clavado en la clavícula, fruto de haber forcejeado en el suelo contra el perro…
Y Christopher, no sabía qué hacer.
Morgana solo hacía que gritar. “¡Haz algo! ¡Joder, me estoy desangrando!”
Y una voz de niña le susurró al oído…
…grítalo… díselo a los perros…
…lo llevas dentro de ti…
…es rojo….
...brillante…
…es bermellón…
…díselo, Luzbel.

martes, 6 de noviembre de 2012

RASGANDO VIVENCIAS


Era una tarde lluviosa de octubre, y Christopher, de 11 años, no podía seguir escondiéndose en el pequeño armario de la limpieza. Tenía que salir, dentro de poco llegaría la dueña de la casa y le denunciaría.
Siempre era así… desde hacia un par de meses. Dormía en contenedores de basura, no mucho mas de 2 horas seguidas; comía lo que encontraba, hasta que se hartaba de trozos de bazofia… y entraba en casas del suburbio marginal del sector donde se encontraba. Hacia fundir las cerraduras, abría las puertas, y robaba la poca comida que residía en los antiguos y oxidados frigoríficos de cada ruinosa casa.
Pero entró en mal momento…  La casa estaba habitada.
Intentó salir corriendo del armarito, como una bala encendida, pero alguien puso un montón de objetos parecidos a canicas en el suelo… y cayó. Se dio tal golpe en la cabeza, que perdió el conocimiento. Extrañamente, el recuerdo del golpe no era doloroso.
Al instante de caer, Christopher abrió los ojos, y se encontró en el dormitorio de la casa.
Y una presencia estaba a su izquierda…
Una niña de ojos claros, como la nieve, le observaba desde la puerta:
-No te asustes, soy yo…- susurró la niña.
-¡Retén los recuerdos, Luzbel!- Gritó la niña, con una voz diferente.
-No te voy a hacer daño…
-¡No!
-Te he visto… en mi mente.
-¡Luzbel! ¡Resiste! Casi esta… mos.. ter…
-Huye.

EL REGRESO


Christopher entró en estado de meditación. Su cuerpo ahora no importaba… solo era su mente, y su alma. Guiado por Morgana, Christopher organizó su mundo interior: estaba en una estancia de paredes amarillentas, casi ocres. Una puerta azul cobalto se encontraba delante suyo. “Imagina una escalera después de la puerta que encontrarás. Esta te llevará a algún recuerdo de la vida que aún no recuerdas” dijo la voz de Morgana, desde el eco.
Christopher levitó hasta quedar justo delante de la puerta. Éste abrió la puerta, y justo llegó el peldaño, que seguía la puerta, formando el principio de lo que era una escalera de caracol. Y empezó a descender por ella, hasta llegar a la primera parada, que era una puerta sacada de sus goznes, en la pared de la escalera.
Christopher solo veía penumbra y tinieblas dentro de la estancia. Le daba miedo…
“Entra en la primera entrada que veas, y no tengas miedo. Si sucede algo que creas que puede dañarte, o que te crea sentimientos negatvos, grita”
“Voy a extraerte la prótesis metálica de tu pierna. En cuanto te diga, entra en la habitación, y empezaremos con el hechizo que te devolverá los recuerdos”.
Christopher recordó que no tenía pierna… ¿Como no pudo darse cuenta de que no tenía pierna? Era algo extraño… en lo que no quería entrar en detalle en ese momento.
Y ella dio el aviso.

MORGANA


Una vez que Morgana terminó su estudio sobre el conjuro, preparó los materiales, y empezó a preparar al sujeto.
-¡Luzy, ven para acá!- chilló Morgana- Ya tengo lo que necesitamos.
-Eh, ¿Por qué no paráis de llamarme Luzy?
-Joder, ¿te lo tengo que volver a repetir, LUZY?
-Vale vale, espero que no tengas siempre la misma mala baba…
-¡¿A callar eh?!- espetó- Como sigas así, te voy a dar con la silla.
Christopher se resignó a la malhumorada muchacha, y se estiró en una manta que preparó Morgana. Ella no paró de encender velas, incienso, lámparas, y toda una serie de cachivaches extraños, dejando a Christopher envuelto en pequeñas llamas y aromas diversos.
-Vamos a empezar con una regresión.- explicó Morgana- Puede que te cueste mucho, pero necesito que te relajes mucho, sin llegar a dormirte.
-Ehm… vale. Pero, aún no sé tu nombre.- respondió Christopher.
-Soy Morgana, si tanto lo deseas volver a saber.

sábado, 3 de noviembre de 2012

RECUERDOS


Morgana observaba lentamente el folio que tenía delante. No sabía que escribir: tenía tantos recuerdos en mente, que no podía concentrarse en el conjuro…
…entonces…
…se dejó llevar por ellos…

Una mañana gris de verano en Sektor 6. Ella estaba sola… triste. La buscaban por todas partes.
Un perro, de esos que tenían marcas sangrientas por todo el cuerpo, y trozos de metal, y ojos color cadmio, le había hecho una gran incisión el las costillas.
Él llegó, envuelto en llamas y terror.
Y se abrió paso, entre sangre, metal y hueso.
No hubo perro infernal que se opusiera ante las llamas de el chico en llamas. Morgana, tenía mucho miedo. No sabía que era peor: si los perros asesinos, o el hombre que conseguía fundirlo todo el materia gaseosa.
Entonces, cuando no quedó rastro de los perros… se apagaron las llamas.
Y vio un chico desnudo… No era de constitución realmente alta, ni tenía un cuerpo fuerte, o musculoso; pero había algo en sus ojos… unos ojos color miel, que ardían en tonos anaranjados y amarillentos. No era la mirada que esperaba de una criatura que pudiera destruir una manada de monstruos cánidos. No tan fácilmente…

DESPIERTO


Y, otra vez, Christopher despertó. Pero sin las marcas del mal en su cuerpo. Sin retorcidos cuernos para desgarrar vida. Solo, embutido en una manta, con carne humana formando su cuerpo. Más tarde vio a Hurón en su cesto.
De nuevo se calmó. Estaba amaneciendo. Vio como la muchacha, estaba en la mesa de la habitación.
Entonces, Christopher se paró a observar el habitáculo. Era una habitación pequeña, con las paredes pintadas de negro, y muchos símbolos en blanco pintados sobre ella. También habían enganchados muchísimos papeles alargados con inscripciones en antiguos códigos.
Algo que le extrañó, fue que la chimenea aún siguiera con las mismas brasas que antes.
Aunque ahora brillaban algo más.
La forma de la habitación parecía ser hexagonal. En el centro, una mesa cuadrada, muy vulgar, de madera de pino, reposaba para sostener los brazos que trazaban sin fin de palabras de la chica.
-¿Que estás haciendo?- Preguntó Christopher.
-Tú qué crees, ¿eh?
-Pues… no lo sé.
-Entonces, si no entiendes lo que hago, ¿por qué me preguntas?
-Pues… porque me intereso en ello…
-Venga va, sal un rato afuera, que te dé el aire.
-¿Pero no que hoy iba a tener todas mis respuestas?
-En serio, siempre tan precoz. Anda, hazme caso, que esto tiene para un rato.

MUERTE TRAS LA RAZÓN

Despierta.
De nuevo despierta, Christopher, en la habitación de sus sueños.
Él vuelve a levantarse de su pequeño trono, metalizado en bronce oxidado. Observa el papel pintado del habitáculo: roto y desgarrado por todas partes, antes lucía motivos florales en tonos rojos, sobre un fondo negro grisáceo.
Y tras la moqueta, manchada de sangre, se esconde el portón, también de bronce. Éste está recubierto de símbolos: unos de cruel significado, otros de justicia sin perdón, otros, simplemente, bailan al son de una mente adormecida.
Y Christopher, vuelve a romper la entrada, para rasgar el aire del espacio que le precede con su propio cuerpo.
Y de nuevo, las escaleras que suceden el roto pórtico que redujo a llamaradas. Cada peldaño, se hace más pesado. Y observa como su cuerpo se quema, al paso que se tropieza, a la vez que se transforma en algo indeseable.
Una fuerza desproporcionada surge de la transformación que sufre, desestabilizando su escalera, haciéndola temblar. Y entonces, ya no és Christopher, él es una criatura enroscada en ponzoña, mugre y maldad. Y cae en un abismo de roca y vida.
Y observa, como los habitantes del lugar donde cayó, no notan su presencia, si no, que siguen con naturalidad sus quehaceres mundanos.
Unos ejerciendo la jardinería, otros fregando el suelo, otros cocinando.
Y el Christopher perturbado, empieza a crear el mal en los corazones de esas criaturas.
Y todos mueren. No al paso de una hoja cortante, o de un golpe de roca. Ni brotó la sangre entre los habitantes de ese lugar. Solo se hirieron en mente, en corazón.
Y solo quedó él, de nuevo.
Solo, ante un pasto de muerte.

jueves, 1 de noviembre de 2012

VÓMITO


Los tres personajes acabaron saliendo de una marca en la frente de el hombre enorme; éste, que ya estaba encontrándose mal antes, vomitó lo que comió de buena mañana. Los tres estaban cubiertos del fango azulón que formaba el anterior cosmos. Era algo no demasiado agradable.
-Buah, deberíamos de dejar de cebarnos con Leviatán. Creo que el pobre va a tener resaca hasta el siguiente amanecer.- Dijo la muchacha.
-Pero… ¿podríais hacer el favor de explicarme que pasa?- Pidió Christopher.
-Joder, que pesado que eres Luzbel. Ahora entiendo porque me resistí a ocultarte la memoria. Señor, de verdad. Lo que tienes que saber, es que hoy no morirás. De ninguna forma. Así que, coge esa manta, y échate un rato. Mañana tendremos mucha faena por delante.
Hurón, ya se había acurrucado en una especie de cesta de mimbre, que estaba acolchada con una cantidad ingente de harapos varios, que parecían arañados, mordidos y deshilados.
-Por cierto… ¿quién eres?
-¿Tan siquiera consigues recordar eso? Te creía más fuerte, Luzy. Ya obtendrás las respuestas mañana- dijo, mientras se echó al lado de lo que parecía una chimenea, donde solo quedaban brasas- buenas noches y… felices pesadillas.

VIAJE A LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO MARINO


“Bien” se escuchó, profundamente, la voz de la muchacha “estamos en el universo del alma de Leviatán, y bueno, como podéis observar, es algo bastante complicado…”
Christopher, acabó de darse cuenta de que no podía volver a hablar. Esto le superaba… habían demasiados conceptos que no entendía… era como intentar aprender protocolo de invocaciones, sin saber que era una invocación… que de hecho, tampoco sabía lo que era una invocación.
“Vosotros dos, no toquéis nada” esparció la voz de la mujer “eso podría significar un cambio total en este espacio, y la muerte de nosotros”. “Ahora, debemos salir cuanto antes posible… ¡Así que quietecitos!” dijo, mientras hurón parecía divertirse con un espeso y mocoso recuerdo de Leviatán.
“Veamos… si no recuerdo mal…”
“…solo hay que…”
“…si.”

ESTELAS


-¿Muy listo tu eh?- Dijo el otro autómata- ¿Ahora como cojones voy a ver lo que tengo que encantar? Claro, el señorito sabe mover tierra, porque se ha pasado la vida en el barro y…- Hurón encendió una bengala- Mucho mejor. Lo siento, ya sabes que me da miedo la oscuridad.
El otro autómata también se descubrió la cara. Era una mujer, con una cara juvenil, rellena de pecas, y con las palas de los dientes separadas, algo que le daba un aire travieso. Tenía un cuerpo, no pequeño, pero si menudo. Tenía esa tripita que tienen las mujeres que les gusta comer. Y ahora mismo, una cara de cabreo que no cabía en sus facciones.
Siguió dibujando la pared de cemento, con mucha parsimonia, y la cara de enfado, se tornó en gran concentración.
-Hey, pero, aún sigo sin saber que está pasando aquí…
Hurón miró a Christopher con cara de poco interés. Los dibujos y escritos se formaban en círculos a un ojo central. Y los dibujos empezaban a cobrar un brillo morado.
-Bueno Hurón, que te apetece estar, ¿en Leviatán, o en uno de los gemelos?
Hurón sonrió de una forma extrañamente malvada, aunque aparentemente, con la inocencia de un niño jugando.
La muchacha dibujó un nuevo símbolo debajo del circulo de extraños símbolos. Y la placa de hormigón se tornó en una espesa niebla azul oscura, de un añil de profundidades extremas, donde la mirada no podía sugerir un escape a ese cosmos.
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