Después de estar toda la noche dejando que hurgaran su
mente, Luzbel recobró el sentido, volviendo a la vida desde su sueño. La sala
estaba casi como la recordaba: mugrienta, desordenada, con un fuego bien vivo
en la chimenea, y un par de lamparones en las ranciadas paredes. Morgana dormía
con la boca abierta al lado del fuego, dejando que hilillos de saliva cayeran
por su aplastada mejilla, haciendo un pequeño charquillo.
Aún estaba algo confuso… llevaba muchos días sin estar al
“mando”… y era como si le hubieran arrancado algo…
Algo que estaba sentado en la silla más alejada.
-No lo ha conseguido… y voy a vivir por mi cuenta, Luzbel.
-Qué coño… ¿qué haces fuera de mí?
-Ah, muy sencillo… aproveché a que tu amiga se durmiera y…
bueno… ella hurgó demasiado en tu mente, así que esta, contiene algunas
fisuras.
Luzbel se levantó, y miró de forma amenazadora a
Christopher.
-Tu sitio está dentro de mis recuerdos… aún no me explico
cómo puedes mantener forma corpórea…
-Gracias a tu energía, Luzbel, gracias a que conservo la
energía de lo que fuiste, es decir, de lo que soy… y es mío.
-No es tuyo, es nuestro, y si no vuelves…
-¡No pienso volver, estúpido! Soy yo, no tú, y ahora, ¡creo
que deberías volver a dormir!
Christopher le lanzó la silla a Luzbel, mientras Luzbel
conjuraba una lengua de fuego para reducir la silla a cenizas.
Pero Christopher se había esfumado… Era una veloz nube de
hollín y de cenizas que escapaba por la pared… como un ser etéreo.
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