martes, 27 de noviembre de 2012

ENCENDIENDO LA REUNIÓN


Allí estaba Luzbel, junto con Fauno, tostando el dulce, mientras esperaban a los demás.
Fauno miraba a Luzbel con fascinación y respeto; Le encantaba ver como cocía sus pasteles con conjuros de calor. Le brillaban los ojos, y lloró; hacía poco que pensaba que no volvería a verle.
Luzbel terminó el conjuro, bajó sus manos, que dejaron de irradiar energía, y adivinó el pensamiento de el niño;
-Fau, eh, ¿por que lloras?
-Es que… me hace tanta ilusión que seas tu otra vez.
-Venga va, ¿no podemos perdurar por siempre sabes? La vida es como un fuego… tarde o temprano se apaga, ¿sabes?
-Si, lo sé, pero… es que… ya sabes…- Fauno resbaló lagrimones por su mejilla sucia y abultada.
Luzbel le dio un suave beso en la frente- si, sé que me quieres muchísimo pequeñajo; eres una delicia.
El niño enrojeció, y se aferró con sus infantes brazos a Luzbel.

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