Morgana estaba desangrándose; y Christopher, por mucho que
ya no quedaran perros, no sabía solucionar la situación, cómo parar la
hemorragia. Cada vez, Morgana estaba más vacía, el suelo más encharcado, y
Christopher, más nervioso, más asustado.
-Co… coge un trozo de tela, Luzy… Y haz un torniquete…- Dijo
Morgana, mientras Christopher hacia lo mandado, con miedo- Enrolla la tela
sobre la herida… y extrae el metal…- siguió haciendo Christopher.
Christopher tiró del guijarro acerado, obteniendo un largo y
agónico grito, y una lengua sangrante a su cara. Christopher no lo aguantaba…
tanto sufrimiento… tenía que seguir, para salvarla.
- …lo demás… es cauterizar… acerca las brasas del fuego…- le
ordenó –… puedes coger las brasas con la mano, que no te pasará nada.
Y, justo al volver a chorrear sangre de la herida,
Christopher se mareó… notando muchísimo calor a su alrededor, y notando como
sus ojos ardían en llamas…
-No hará falta…- Dijo con voz susurrante, ante la cara de
horror de Morgana.
Y Christopher volvió a la pierna, agarrando fuertemente la
herida, que dejó de sangrar, sin saber, que por un instante, fue Luzbel.
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