Leviatán despertó bajo una nube de pensamientos. Aún
recordaba por qué estaba aquí. No se refería a un “aquí” físico, en un punto
cardinal, si no, a un “aquí” en verso a la relación que tenia con Eris. Él no
soportaba a Luzbel, muchas veces se pasaba, y era demasiado activo. Aunque, en
cierta forma, Eris lo creó él. Era la única agrupación rebelde de Hoy. A pesar
que la Cúpula nos tenga por terroristas.
Venga, si solo hacemos lo que guardamos en nuestra
naturaleza, qué más quieren?
Aún recuerdo mi estancia en X237, suburbios de la ciudad de
arena. Vivía con mi abuelo, pescador, como su anterior abuelo, y este, a su
vez, del anterior. Todos los días, íbamos al antiguo mar, antes limpio y rico;
pero ahora, no es lo mismo que antes: todo estaba sucio, contaminado; ya no
habían peces, como los conocían los antiguos; ahora eran criaturas monstruosas,
mutaciones de las antiguos peces gracias a la toxicidad y la radiación del
ambiente. Unos más grandes, otros más pequeños, pero todos con ansias de
terminar con la vida: la propia, y la ajena.
Y ahí estábamos nosotros dos: un hombre anciano de unos
setenta y cinco años, armado con arpones, baterías eléctricas y otros
artefactos, y yo, con doce años, con un par de cuchillos en las manos, por si
algún bicho pensaba entrometerse en nuestro pequeño navío.
Nosotros buscábamos las criaturas más pequeñas, las que
podíamos cargar en nuestra cafetera.
Pero un día, al cazar uno, que pensábamos muerto, empezó a
atacarnos por la espalda, mientras volvíamos a la orilla. Era una criatura
negra, que desprendía mucosidad negra, como petróleo. Y este atrapó a mi
abuelo, con su moco pegajoso y tóxico. Y entonces, yo fui hacia él, cuchillo en
mano, a matarlo, abriéndome paso entre la gelatinosa materia que recorría su
cuerpo. Y encontró lo que parecía ser su cabeza, e intentó cercenarla a
machetazos; pero el cuchillo resbalaba, y no sabía que más hacer para acabar
con el cazador de su abuelo. Pero a la criatura si que se le ocurrió.
Y con un latigazo mocoso, le expulsó del cachivache
motorizado.
Y cayó en la oscura agua, alimentando su olvido, y entrando
más en su mente.
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