martes, 27 de noviembre de 2012

EL NEGRO MAR


Leviatán despertó bajo una nube de pensamientos. Aún recordaba por qué estaba aquí. No se refería a un “aquí” físico, en un punto cardinal, si no, a un “aquí” en verso a la relación que tenia con Eris. Él no soportaba a Luzbel, muchas veces se pasaba, y era demasiado activo. Aunque, en cierta forma, Eris lo creó él. Era la única agrupación rebelde de Hoy. A pesar que la Cúpula nos tenga por terroristas.
Venga, si solo hacemos lo que guardamos en nuestra naturaleza, qué más quieren?
Aún recuerdo mi estancia en X237, suburbios de la ciudad de arena. Vivía con mi abuelo, pescador, como su anterior abuelo, y este, a su vez, del anterior. Todos los días, íbamos al antiguo mar, antes limpio y rico; pero ahora, no es lo mismo que antes: todo estaba sucio, contaminado; ya no habían peces, como los conocían los antiguos; ahora eran criaturas monstruosas, mutaciones de las antiguos peces gracias a la toxicidad y la radiación del ambiente. Unos más grandes, otros más pequeños, pero todos con ansias de terminar con la vida: la propia, y la ajena.
Y ahí estábamos nosotros dos: un hombre anciano de unos setenta y cinco años, armado con arpones, baterías eléctricas y otros artefactos, y yo, con doce años, con un par de cuchillos en las manos, por si algún bicho pensaba entrometerse en nuestro pequeño navío.
Nosotros buscábamos las criaturas más pequeñas, las que podíamos cargar en nuestra cafetera.
Pero un día, al cazar uno, que pensábamos muerto, empezó a atacarnos por la espalda, mientras volvíamos a la orilla. Era una criatura negra, que desprendía mucosidad negra, como petróleo. Y este atrapó a mi abuelo, con su moco pegajoso y tóxico. Y entonces, yo fui hacia él, cuchillo en mano, a matarlo, abriéndome paso entre la gelatinosa materia que recorría su cuerpo. Y encontró lo que parecía ser su cabeza, e intentó cercenarla a machetazos; pero el cuchillo resbalaba, y no sabía que más hacer para acabar con el cazador de su abuelo. Pero a la criatura si que se le ocurrió.
Y con un latigazo mocoso, le expulsó del cachivache motorizado.
Y cayó en la oscura agua, alimentando su olvido, y entrando más en su mente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Licencia Creative Commons
Este obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.