Las voces se desvanecían, se disolvían en su mente, mientras
él también se desvanecía, y volvía a la nueva realidad. No sabía realmente que
pasaba… si lo anterior era real, o no… desde luego, ahora estaba recibiendo
palos de nuevo.
La pierna: Ya no tenía la prótesis… y al intentar levantarse
de golpe, Christopher se cayó de bocas al suelo, haciéndose sangrar la nariz.
Quizá eso le recobrara algo más de realidad, por que pudo
ver la situación… más o menos clara: de nuevo, esos perros del demonio, dando
por culo con su mala leche. Morgana se resistía a que uno le mordiera… y le
dejó en el suelo, sacando espuma por la boca e inconsciente. Pero ella estaba
desangrandose: tenía un fierro clavado en la clavícula, fruto de haber
forcejeado en el suelo contra el perro…
Y Christopher, no sabía qué hacer.
Morgana solo hacía que gritar. “¡Haz algo! ¡Joder, me estoy
desangrando!”
Y una voz de niña le susurró al oído…
…grítalo… díselo a los perros…
…lo llevas dentro de ti…
…es rojo….
...brillante…
…es bermellón…
…díselo, Luzbel.
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